Estimado desconocido: Esto no es solo una carta…

Berta Jiménez//

Tras el correo ordinario se esconde toda una forma de expresión creativa, en la que el sello, el sobre, la dirección y el contenido dejan de ser sólo una forma de comunicación, para convertirse, además, en una modalidad de intercambio artístico.

Comprender a la persona como “ser creativo”, vivir en un híbrido entre cotidianeidad y arte. Hacer de lo individual un objeto de enriquecimiento colectivo. Revolucionar la relación creador-receptor y, por supuesto, no olvidar jamás el encanto del azar. Estas son  algunas de las múltiples perspectivas que se recogen en Mail- Art. La Red Eterna, gracias a la recopilación de los más de 34 artículos que aparecieron entre 1994 y 1999 en el zine P.O.BOX, una publicación española de escasa tirada y difusión realizada con pocos medios: la primera sobre el arte correo en España. Una obra coordinada por Juan Sousa que cuenta con más de una decena de autores – John Held jr., Vittorio Baccelli, Clemente Padín, Guy Bleus, José Luis Campal, Vittore Baroni, Jas W. Felter, G.E. Marx Vigo, Antonio Gómez, Nel Amaro, Ruud Janssen y Edgardo Antonio Vigo-, que sumergen al espectador en el universo del mail-art.

Mail-art Fluxus

Mail-art Fluxus

Con el nacimiento de las vanguardias a principios del siglo XX, el arte postal emerge como una corriente artística que rescata uno de los géneros más antiguos, el epistolar, y lo reinventa. Las cartas ya no solo tienen valor como estructura de interacción o como herramienta de comunicación bilateral; ahora importa el proceso de correo como vehículo y como un medio de creación constante. No existen normas sobre cómo hacer mail-art, basta con que el objeto pueda ser franqueado. No importa el formato, ni el contenido. Aunque sea una sola persona la que lo cree, pronto pasa a ser una obra colectiva: tras su realización, llega el sello del cartero, algo vital en este proceso creativo. También intervienen las manos por las que pasa, los desperfectos que pueda sufrir en el proceso de envío y por supuesto, aquello que el receptor quiera añadir a la obra. Y esta acción colectiva, espontánea y posiblemente, para muchos de los participantes, desconocida, es el arte postal. Se trata de una corriente que revoluciona la concepción de arte: el espectador cambia, ya que pasa a ser creador. El canal de difusión muta, ya no se trata de “una vitrina” en un museo, sino del proceso de envío. Y la figura del creador se destruye para dar paso al multi-creador. Sin embargo, un mail-art no pertenece al emisor, ni al cartero, ni al receptor. Se trata de un objeto artístico independiente.

A la hora de hablar de los antecesores del mail-art uno podría remontarse a los escribas del Antiguo Egipto; recordar a Horacio o disfrutar de las novelas epistolares de Benito Pérez Galdós y Jean-Jaques Rousseau. Sin embargo, es el artista Marcel Duchamp quien en 1917 se acercó más a este concepto cuando exhibió el urinario invertido acompañado de un sobre con una dirección. Más tarde, a mediados de los años cincuenta surge el Situacionismo: jóvenes agitadores que protestan por la pobreza estudiantil y reivindican un cambio en las bases del sistema. Ellos lanzan Potlacht, una publicación enviada a personas escogidas al azar de una guía telefónica. Poco a poco se va creando un ambiente que desencadena gran interés por el arte correo. A principios de los años sesenta, nace el movimiento Fluxus que critica la “enfermedad burguesa”, demanda una purga de la cultura comercial y exige un flujo de la revolución del arte; es el contexto idóneo para el desarrollo del arte postal. Finalmente, es en el Pre-Fluxus Festival  en 1963, de la mano de Ray Johnson, donde se consolida el mail-art.

Siete años más tarde, la creación de la Escuela de Correspondencia en Nueva York supone la cúspide del desarrollo del arte correo. Aquí comienza a circular una lista de direcciones en la que se incluían, tanto a celebridades del mundo artístico, como a personas “anónimas”.Se organizan múltiples exhibiciones de “envíos”. Cualquier interesado en participar tenía la certeza de que su obra sería expuesta, sin necesidad de pagar ningún tipo de tasa de inscripción. Además, todos los candidatos recibirían de forma gratuita documentación sobre la muestra. A partir de los años 80 tienen lugar centenares de congresos multitudinarios de mail-artistas. En estos encuentros el proceso avanza todavía más. Los participantes tienen la oportunidad de conocer e interactuar con sus “compañeros de correspondencia”.

A través de  la cronología de John Held jr., de las definiciones de José Luis Campal y las entrevistas a Edgardo Antonio y Clemente Padín, Mail-Art. La Red Eterna acerca al lector el mundo del arte correo, su evolución y su fundamento. Más de 75 países aparecen en esta obra como portadores de mail-artistas. Entre ellos se encuentra España donde el arte correo llegó en 1972 con una gran representación. Uno de los pioneros fue Pedro Bericat, un performer zaragozano que entiende el mail-art como “la cosa después de lo que ocurre”. “Así como una exposición termina y después parece que no ha ocurrido nada, el mail-art permanece y todos formamos parte de la obra”, nos explicó en una entrevista anterior.

Este recopilatorio resulta la “guía por excelencia” del “mail-artismo”. Las hojas de Mail-Art. La Red Eterna se acaban y dejan un final abierto, sobre cuál será el futuro  del arte postal o cómo se adaptará esta corriente artística a las tecnologías. Todavía queda mucha historia por contar, por lo que este libro, como el mail-art, es una obra inacabada.

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