Son las cinco menos veinte, hablemos de Shangai

Marta Sofía Ruiz//

El detective Chen Cao conduce al lector por las calles de Shangai, mientras investiga el crimen que centra la primera novela de Qui Xialong

Encontraron el cuerpo a las cinco menos veinte de la tarde del 11 de mayo de 1990. Pero no fue en un callejón de Brooklyn, ni en el distrito de Whitechapel donde Jack dejaba los cadáveres de sus prostitutas. Encontraron el cuerpo a las cinco menos veinte de la tarde del 11 de mayo de 1990 en el canal de Baili, un lugar poco frecuentado, a unos 30 kilómetros al oeste de Shangai.

Ganadora del premio Anthony Award a la Mejor Primera Novela en 2001 y finalista del Edgar Award, Muerte de una heroína roja narra la investigación del asesinato de Guan, trabajadora modelo, ejemplo a seguir encumbrado por la estructura del partido comunista, que sirve de excusa al escritor para mostrar las heridas de una China moderna que sobrevive bajo el poder de Deng Xiaoping.

El autor de esta gran primera novela es Qui Xialong, nacido en 1953, en la misma Shangai a la que nos traslada en este libro, y emigrado en 1988 a Estados Unidos.  Cada año,el autor vuelve a la ciudad que le vio nacer, para dar vida a sus novelas y para acercar al lector, no solo la realidad política y social de la China de los 90 (o de la actualidad conforme la saga avanza), sino para descubrirle los callejones, los karaokes y hasta los sabores y olores de los puestos  de la ciudad.

Imagen de la portada del libro, Guan en el canal de Baili, cinco menos veinte.

Imagen de la portada del libro, Guan en el canal de Baili, cinco menos veinte.

Un caso para Chen Cao, un caso para Xialong

De esta forma, recorriendo las calles de la urbe china, y de la mano del inspector jefe Chen Cao, un detective tímido e inteligente, el escritor nos mostrará las llagas y las sonrisas de Shangai. Porque cuando el cuerpo de Guan aparece en ese canal poco frecuentado de Baili, no serán Poirot, ni Simenon, ni el sueco Kurt Wallander quienes acepten el caso. A las cuatro y media del día siguiente es el inspector jefe Chen Cao, orgulloso poseedor de un piso nuevo, de esos tan difíciles de conseguir en la ciudad, el que recibe el dudoso honor de investigar el crimen. Un viernes por la tarde, con un calor sofocante.

De esta manera, la historia del escritor y  la del detective se hacen una y su oposición al régimen chino marca un relato que se llena de descripciones coloristas y que protagoniza un hombre con el que el autor tiene muchos puntos en común. Un padre represaliado por la revolución cultural, el amor por la poesía china, su atracción por la literatura anglosajona, la traducción, y esos sentimientos encontrados acerca del país que le vio crecer y por el que ambos muestran una mezcla de respeto y de rechazo a partes iguales.

Chen Cao, ese policía con alma de poeta y confuso por la China en proceso de cambio en la que está inmerso, personifica las ideas del escritor, que enfrenta a su personaje con un régimen al que se opone y del que forma parte de manera ineludible. Será Chen Cao quien nos cuente la historia de esa mujer sin voz propia, de rostro joven y agraciado. Una joven asesinada que se convertirá en el símbolo del ciclo de antigüedad y renovación en el Gobierno chino, y que demostrará que cuando parece que la estación avanza, el aparato político puede hacerla retroceder si así lo desea.

Un paseo por la ciudad H

A través de los ojos del inspector, el lector podrá contemplar su anhelado piso nuevo, las habitaciones en las que las familias de la superpoblada urbe se hacinan sin intimidad posible, el Cuatro Mares del distrito de Yangpu y el nuevo restaurante del chino de Ultramar. Tendrá también el privilegio de observar los mecanismos de las dependencias de la policía de Shangai, en la calle Fuzhou, en un edificio de ladrillo marrón construido en los años 30.

Conocerán además a Wang Feng, a Ling, y al subinspector Yu, que a modo de “Watson chino” acompañará a Chen Cao en sus indagaciones en una ciudad que en la publicación de la obra en China lleva el pseudónimo de Ciudad H. Sin embargo, de una forma  u otra, censurado o no, Muerte de una heroína roja muestra inevitablemente el corazón de China y su Shangai. Y enseña los entresijos de una sociedad dictatorial y de un Gobierno que rompe almas y crea genios con ganas de denunciar la tristeza y la grandeza de su nación.

Muerte de una heroína roja. QuiXialong. Traducción de Alberto Magnet. Tusquets Editores. Colección andanzas. Serie Inspector Jefe Chen Cao. Barcelona, 2012. 438 paginas. 20 euros.

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