La mujer que no quería ser una dama

Astrid Otal//

Virginie Despentes se consolida como la queer francesa que desmonta los ideales de feminidad y masculinidad. Teoría King Kong es el ensayo en el que narra fuertes experiencias personales.

VirginieDespentes

Virginie Despentes Fotografía: Lynn Sk

Virginie Despentes (Nancy, 1969) siempre quiso vivir una vida de hombre. Porque el corsé de la feminidad solo en raras ocasiones le dejaba respirar; porque sabía que ese disfraz de docilidad, coquetería y disimulo jamás le harían pronunciar grandes discursos, ni escribir grandes libros, ni hacer, en definitiva, grandes cosas. Ser viril –pensó desde joven- es solo cuestión de actitud, no existe nada prefijado.

La escritora francesa es la diva destroy punk de las letras, la que habla de lo que no se debe hablar, la que transgrede los límites para incomodar. Quizá resida allí gran parte de su éxito: Virginie Despentes ha pasado de ser una autora marginal a una referente del feminismo queer, aquel que defiende que el género (masculino o femenino), la identidad sexual o la orientación son construcciones sociales, no algo intrínseco. Así que ella se negó a ser una fémina, una dama.

La popularidad le llegó en 1993 con su publicación Fóllame (ÉditionsFlorent-Massot), una novela sobre dos prostitutas convertidas en asesinas en serie que llevó a la pantalla siete años después. Pero se censuró. Su libro publicado en 2007, Teoría King Kong de la editorial Melusina, vuelve a reivindicar sus ideas; en cierta manera, su rabia. Porque con Virginie Despentes nada es tabú: ni la pornografía, ni la prostitución, ni la violación. Su discurso siempre se ha alejado de lo políticamente correcto, de lo burgués. Su mirada es otra: se dirige a lo marginal, a lo excluido, a lo que la sociedad se niega a integrar. Literatura trash y, esta vez, en forma de ensayo autobiográfico.

“Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica”. Escribe para las que no se ajustan al ideal imposible que emiten los programas televisivos, los anuncios de publicidad, las revistas del corazón. El ideal que promueve llevar zapatos incómodos, aumentarse la talla de los senos y retocarse la nariz; aquel que dice que vale la pena morirse de hambre.

Pero Virginie Despentes también escribe para los hombres “que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, (…) los que tienen miedo por la noche cuando están solos”. Todos aquellos que no asían la agresividad, ni el poder, ni el control.

La escritora francesa no cree en la feminidad ni en la masculinidad; para ella consisten en grandes invenciones que nos catalogan, que nos reducen, que merman la capacidad de los individuos para crear su propia personalidad. Virginie Despentes vuelve volátiles las reglas de rol. Es consciente de la maquinaria ideológica creada e intenta con su voz hacerla explosionar.

Su experiencia transformada en ensayo crítico

Julio de 1986. Virginie Despentes tiene 17 años, converse rojas y el pelo verde. Se encuentra en una gasolinera de una autopista de París, con una amiga con la que acaba de llegar de Londres sin un duro en la cartera. Piensan esperar hasta por la mañana para hacer auto-stop y que alguien les lleve a Nancy, pero tres chicos en un coche insisten en acercarlas esa misma noche. Y les convencen. Después de una hora de risas, charla y conversación se acaba la broma: les violan.

La sociedad en realidad -reconoce Despentes- prefiere el silencio. La escritora afirma que el mensaje que se envía es que es necesario quedar traumatizada después de la violación, respetar las marcas visibles que deben existir: “tener miedo a los hombres, a la noche, a la autonomía, que no te gusten ni el sexo ni las bromas”. Virginie Despentes se indigna porque nadie habla de la capacidad de recuperarse de una violación; nadie le dijo a ella –salvo la feminista estadounidense Camille Plagia- que la violación es un riesgo inevitable, inherente a la condición femenina, una circunstancia política: que no es algo periférico ni excepcional, que forma parte del corazón del patriarcado.

La autora no se emociona, no llora, trata la cuestión con una frialdad que sobrecoge. Y el lector comienza una caída libre en la que se replantea una dimensión global del problema; pero también se pregunta si verdaderamente la huella del trauma no es tan honda; si verdaderamente todo el mundo puede ser tan tremendamente fuerte como Virginie Despentes.

Años después se calzará tacones de aguja, se pondrá lencería fina y un traje de falda y considerará la prostitución como una suerte de indemnización de lo que le habían robado por la fuerza. La prostitución es otro de los temas polémicos que Virginie Despentes afronta sin rodeos: un trabajo como otro cualquiera siempre que puedas elegir el cliente, discutir el precio y tener autonomía. La autora considera la prostitución incluso mejor que otros trabajos precarios por los que se deslomaba sin cobrar apenas dinero. Aunque no deja de ser paradójico que la profesión la realice con la máscara de feminidad que tanto condena, la cuestión importante es que la escritora invita a observar la prostitución –cuando no exista explotación sexual- sin estigmas, porque de lo que se trata es de oponerse a la creencia de que el sexo para las mujeres, sin amor, siempre es degradante.

No hay imágenes de víctimas, no hay chicas ilegales forzadas sexualmente; es otro prisma para no extraer conclusiones sobre el mercado del sexo en su conjunto. Virginie Despentes produce inestabilidad; llega al fuero interno para hacer crack a las evidencias aparentes, hace saltar por los aires lo que se considera indiscutible. Replantearse las cosas desde el principio: “existe una fuerza, que no es masculina ni femenina, que impresiona, que enloquece, que da seguridad. Una capacidad de decir que no, de imponer una visión propia”, escribe Despentes al final del libro. Y puede que allí resida gran parte de la verdad.

Virginie Despentes. Teoria King Kong (Melusina). España, 2007. 125 páginas. 13,90 euros.

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