El arte en los ojos de Bollaín

Clara Salvador//

La violencia de género se ha convertido, en los últimos años, en uno de los temas que más minutos ha ganado dentro del mundo cinematográfico. El último estreno: Te doy mis ojos de Icíar Bollaín

Laia Marull en un fotograma de la película Te doy mis ojos

Laia Marull en un fotograma de la película Te doy mis ojos

El 17 de diciembre de 1997, Ana Orantes, que había narrado en televisión su calvario a causa de cuarenta años de malos tratos, era asesinada por su marido. Pese a este amargo final, su valentía provocó un giro en las mentalidades, y en consecuencia, en la difusión de noticias sobre violencia de género. Las pantallas españolas hicieron visible su caso y, al fin, se nos cayó la venda de los ojos.

A partir de entonces, casos como el suyo comenzaron a aparecer en los informativos. Se precipitaron los estudios e informes sobre sus causas, y la ficción televisiva y cinematográfica empezó a mostrar el fenómeno con asiduidad. Te doy mis ojos, obra maestra de la directora y actriz Icíar Bollaín, y ganadora de siete premios Goya, fue una de las producciones cinematográficas que más contribuyeron a la concienciación del público.

Las primeras películas dirigidas por la cineasta (Hola, ¿estás sola?, Flores de otro mundo, Mataharis) tenían como protagonistas a personajes femeninos liberados o en busca de su independencia, y Te doy mis ojos continuó en la misma línea. La historia germinó en la cabeza de Bollaín debido a su afán por conocer los motivos por los que algunas mujeres soportan años y años la compañía de hombres que las subordinan, controlan, anulan e incluso golpean. Todo comenzó con Amores que matan(2000), el cortometraje que ella misma ideó en un centro de rehabilitación de maltratadores en Toledo. La intención de la directora era mostrar el fenómeno desde la perspectiva del hombre opresor, pero una vez finalizado el corto, decidió convertirlo en largometraje incluyendo el punto de vista femenino. El filme se estrenó finalmente en 2003. 

El resultado: una película que va más allá del suceso, explorando los sentimientos y las dudas de sus protagonistas. Por ello, no necesita recrearse en escenas morbosas ni violentas. El maltratador, encarnado por Luis Tosar, no es retratado como un enfermo, sino como un hombre que, sencillamente, cree que tiene derecho a manejar a su esposa a su voluntad porque así se lo ha enseñado la sociedad. 

Luis Tosar y Laia Marull en Te doy mis ojos

Luis Tosar y Laia Marull en Te doy mis ojos

El papel de Laia Marull es especialmente complejo. La actriz debió aprender a interpretar a una mujer pasiva, sumisa, silenciosa; en la que se observa un proceso de crecimiento con altibajos. Durante el transcurso de la película, la relación de subordinación y dependencia en la pareja de Antonio y Pilar se invierte, hasta la emancipación de ella en un final abierto.

Candela Peña es la encargada de dar vida a Ana, la hermana de Pilar. Casada con un escocés, su matrimonio, basado en la igualdad y el apoyo mutuo, es la antítesis del de su hermana. Por el contrario, la madre de ambas ha sufrido los malos tratos toda su vida, y asume su opresión hasta el punto de legitimarla ante los demás. Pilar se encuentra a medio camino entre ellas, y el arte le sirve de apoyo, tanto a ella como al espectador, a través del viaje hacia su liberación.


Punto de fuga

El itinerario de esta mujer se inicia cuando empieza a trabajar en las taquillas de un museo donde se expone la famosa obra de El Greco, El entierro del Conde de Orgaz. Esta pintura representa la oposición entre color y oscuridad, a los que se asocian los respectivos matrimonios de Ana y Pilar. No obstante, el papel del arte en Te doy mis ojos va mucho más allá de lo que parece en un primer momento. Cada cuadro en el relato tiene su razón de ser y contribuye a estructurar el hilo argumental.

Desde los lienzos de los obispos en la iglesia que restaura Ana, que representan la supremacía masculina; pasando por La Dolorosa, esa virgen compungida con la que Pilar se identifica; hasta Orfeo y Eurídice, de Rubens, que refleja los esfuerzos de Antonio por recuperar a su esposa. Un mito se esconde detrás del cuadro: Orfeo, para rescatar a su amada Eurídice del averno, ha de realizar todo el camino de vuelta confiando ciegamente en que ella lo sigue, sin poder girarse para comprobarlo. Pilar narra la leyenda a su hijo, y cuando está a punto de decir que Orfeo finalmente se dio la vuelta y perdió a su amada, Antonio interrumpe la historia. Los espectadores informados sabrán entonces que él también fracasará, mientras que la incógnita continuará para quienes no conozcan el mito.

Otro momento clave ocurre cuando Antonio observa a escondidas a su esposa mientras explica una pintura ante los visitantes del museo. Esta vez se trata de la obra de Tiziano Dánae recibiendo la lluvia de oro, donde se advierte un paralelismo entre Dánae y Pilar. Ambas se encuentran, literal o figuradamente, desnudas ante un grupo de observadores. Sin embargo, las dos son consideradas bellezas que hay que enclaustrar, porque tienen dueños posesivos (los propietarios del cuadro, que lo escondían; y el marido celoso).

Más adelante, Bollaín llega incluso a incorporar al guión una de las abstracciones de Kandinsky, la Composición VIII. Al tiempo que la pintura se despoja de los límites figurativos, Pilar rompe las barreras impuestas por su matrimonio, y evoluciona a través de las distintas emociones expresadas por los colores del cuadro. Sólo le queda un obstáculo que superar: esa gran mancha morada que es el miedo.

La última simetría entre arte y realidad se produce con el lienzo Las tres gracias, de Rubens. Antonio, iracundo, arranca la página de un libro donde se estampa la obra, destruyendo al mismo tiempo su unión con Pilar. La última escena del filme también puede identificarse con Las tres gracias, aunque por un motivo diferente.

Quizá la única tara reseñable de este largometraje sea que deja la sensación de que sólo una mujer tan dócil como Pilar puede llegar a sufrir el maltrato. Además, aunque apenas aparezcan escenas de violencia, sí hay humillaciones públicas y partes de urgencias, como si las agresiones físicas fueran el punto de no retorno en una relación de sometimiento. Pero no, la violencia comienza mucho antes, y mucho antes se hace insoportable. En cualquier caso, es evidente que Te doy mis ojos encendió una chispa en las conciencias, y el incendio provocado se sigue propagando. 

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FICHA TÉCNICA:

– Título Original: Te doy mis ojos
– Año: 2003
– Duración: 106 min.
– País: España
– Director: Icíar Bollaín
– Reparto: Laia Marull, Luis Tosar, Candela Peña, Kiti Manver

 

 

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