Pedro Bericat: “Somos esa especie de “viejantes” con el maletín lleno de represión”

Berta Jiménez//

Performer, provocador de nacimiento, envuelto por la mística y la enajenación poética, su obra empezó a hacerse hueco ya en el 82. Impactante por su peculiar percepción de la vida y del arte. Con muchas exposiciones a la espalda, tanto en pequeñas galerías locales como en el mismo Reina Sofía de Madrid, Pedro Bericat, continúa “interviniendo” todo lo que está a su alcance. Los fósiles sonoros, alteración de singles de los 70, es su última obra. 

Pedro.Bericat

Cara de Pedro Bericat

Hijo de sastre, vivió una infancia zurcida entre telas y paños. Nació en Zaragoza. Fue el tercero de cuatro hermanos y la relación con ellos, así como con sus padres, siempre fue muy buena. Un niño avanzado para su edad que pronto sintió que “estaba ocurriendo lo inevitable”. Tras leer la Metamorfosis de Kafka a los 12 años, comprendió que él también se estaba convirtiendo en una cucaracha. “En casa sobraba, llevaba el pelo largo y el discurso familiar no iba conmigo, y sin embargo, yo a mis padres los adoraba, había mucha empatía entre nosotros”. Todavía a sus 55 años Pedro insiste en que cuando somos pequeños se nos empieza a reprimir “con el tema de la fantasía, con la imaginación, para que no podamos acceder a la poesía de las cosas”.

Sus experiencias artísticas comenzaron en el estudio de fotografía de su abuelo al experimentar con negativos “Los fotógrafos decían que eso no era fotografía, porque no utilizaba la cámara para nada. Me limitaba a dejar el “fósil” de la imagen, porque yo, como los niños y los primitivos pensaba que había que devolver las imágenes de nuevo al medio del que venían” recuerda Pedro. “Ser un “niño” es la máxima expresión de libertad, y por tanto favorece el arte”. El niño, como él describió, es en realidad un “ni-yo” es decir, “un ser que sabe que su “yo” no le pertenece y que es una impostura ya que vive en una totalidad. Cuando matamos a ese niño, se ha muerto el artista, se ha muerto el poeta y ha desparecido la fantasía y ocupa lugar algo completamente demencial, la racionalidad”, afirma.

Pero Pedro renunció al camino de la razón: “Mi “ni-yo” nunca murió. Yo no he tenido otra sensación que la de ser un niño ya que no he podido eludir la única verdad que hay, que es que la vida es debida, la debes toda y no sabes a quién pagarla ni como apagarla, está ahí, la vida te vive, la conciencia está por encima de lo que uno pueda soportar”.

Así que este rechazo por parte de algunos artistas, no le cohibió en absoluto, sino que le ayudó a forjar sus valores: “Somos esa especie de “viejantes” con el maletín lleno de represión”. Además ya su abuelo, a quien Pedro admiraba por su vanguardista forma de hacer fotografía, había pasado por aquello.

Dispuesto con una máscara de caucho, Pedro relata su filosofía de vida. Sentado en su estudio explica que el individuo es una mentira de una totalidad y las máscaras “se asemejan a aquel ideal del cual se supone que venimos. Esta máscara no representa ni el yo, ni el tú, ni el “nos”, ni el “vos”, sino lo que realmente es la conciencia”, expone Pedro

-¿ Entonces…yo ahora estoy hablando con Pedro, con un alter ego, con nadie..?

– Estás hablando, como decía Kandinsky, con un médium, es decir, que somos media unidad. Traemos realidades inexistentes de un campo al otro. Pero en la trascendencia de la vida hay momentos de unidad, a través de experiencias artísticas, o místicas…hablaría también del ácido lisérgico, con el cual, el ser humano tiene esa capacidad de fusión con la totalidad.

Al recordar su carrera artística es imposible esquivar la importancia del ruido. El “radioterrorismo” fue una de las primeras obras con la que se dio a conocer. Pedro ejerció de “practicante del futuro” e inyectaba líquido en transistores de radio, que producían una melodía caótica y algo alienígena.

El espacio que ocupan sus obras en las exposiciones, también es muy revelador:un discreto hilo camuflado en el jardín del Instituto Anatómico Forense, un envoltorio de magdalena que se consume en uno de los focos exteriores del Museo Pablo Serrano o el fósil sonoro en el techo del ascensor del Museo Reina Sofía: “Hay que descubrir la obra y colocarla en su entorno. Las obras del Museo del Prado, desde luego, no estaban hechas para ese lugar”. Los “fósiles sonoros” es su último trabajo.

¿Cómo definirías tu obra actual con los singles de los 70?

-Oír es ver y justamente esta especie de resonancia es lo que se ha quedado atrapado, no lo podemos oír pero lo podemos sentir. Además, está justo en el lado del negativo, es como un negativo acústico, es un grabado pero no es una grabación, es una grabación pero no es un grabado, es jugar con esa especie de farsa.

Al ahondar en la creación de una obra, Pedro matiza que el proceso artístico no es un proceso creativo sino recreativo: “Nos tachan de creativos y eso es hacer el trabajo de Dios, o sea, una burla al intelecto de la gente”. Para Pedro es muy difícil hacer arte: “Buscamos a través de la intuición el camino más directo para que eso suceda, Se desarrolla, surge, te la encuentras, que es lo que decía Picasso acerca de las musas,hay que encontrar más que buscar. “Hay que reconocer y reconocernos. Somos esa totalidad y es muy fácil distraernos con cualquier cosa del entorno, con cualquier espejismo. No debemos perdernos en la actualización de la verdad”, explica

 –¿Pero entonces, qué es el arte?

 -Yo llevo muchísimos años intentando descubrir qué es eso del arte, te puedo hablar de la belleza, que me ha movido el corazón, pero no sé lo que es eso del arte. La palabra “arte” significa “hasta” y sería la distancia entre el observador y el observado. Sería lo que conocemos como “el dedo que señala a la luna”, lo que vemos es el dedo, el sentido hacia dónde apunta, pero no el significado. Habría que afinar mucho y ver lo que es el objetivo, el medio y la persona que está realmente haciendo ese acto, y lo que es la mediación entre la diana y el tirador, todo eso es el arte. El arte no sería un acercamiento a lo filosófico, al espejo, a la especulación, sino todo lo contrario, un despertar y este hecho produce cortocircuitos en el continuo de la inteligencia. Mucho me temo que la finalidad no es dar bien en la diana sino hacer bien el ejercicio, tensar lo justo, a través de las técnicas zen. Para la gente oriental el vacío está lleno de posibilidades, luego hablamos de la apertura dela mente en su totalidad.

-¿También tú consigues abrir así tu mente cuando trabajas en tus obras?

-A mí se me van las manos solas, yo voy haciendo cosas y no sé lo que hago. Podría reflejarlo de otra forma pero no sé hacerlo ni mejor ni peor.

Sin embargo, Pedro asegura que el arte no es casualidad: “No existe el azar. Como decía Einstein, “Dios no juega a los dados. La divinidad no se recrea en lo aleatorio, sino que es indeterminada. No produce ni finitos ni infinitos”. Pedro se siente muy atraído por el mundo oriental y el espiritismo. Marca de ello es el símbolo zen que acompaña a su máscara. Él defiende que, como decían los místicos “no ocurre nada que no se haya soñado con anterioridad”.

El mundo interior de Pedro toma aún más fuerza cuando asegura que ninguno de los sueños que ha tenido con anterioridad le pertenece. “Eso viene por añadidura. Estamos hablando de una maquinaria conceptual en la cual vivimos y que no somos capaces de controlar, en la medida en que sufrimos ese exterminio del ser de “enfermedad, vejez y muerte”. Entre medio de ese “holocausto” estarían esas formas, más o menos apropiadas de lo que hemos llamado arte.

Dentro de la vida artística de Pedro hay un vaivén, que mece su devoción por “jugar” y que ha acabado por convertirse en algo cotidiano: El mail-art. “A mí me gusta llamarlo “post- art”, porque el correo antes era postal y por el postismo”. El mail-art, teoriza Pedro, significa que las cosas han sucedido “después de”. Pero, “una exposición termina y parece que no ha ocurrido nada. El mail-art es diferente ya que todos formamos parte de la obra y tiene tanta importancia el señor de correos, que pone el sello, como el receptor de la obra, que a veces la cuelga en su pared, otras la interviene y la reenvía, o lo más habitual, crea otro mail-art como respuesta”.

¿Cuál es el valor que se la da al arte en la actualidad?

– Lo que ocurre con el arte es que se le exige un resultado porque si no se supone que hay un ruina y no hay forma de ganar si no lo vendes. Pero sin embargo, al científico que está experimentando durante muchísimos años con trabajos y formulaciones, exactamente iguales a las que hacemos en el taller cualquier personaje o cualquier alquimista, se le valora igual aunque no obtenga un nuevo resultado, se le reconoce y sobretodo está bien visto socialmente. Con el tema de la fantasía de la poesía se castiga. La sociedad tiene un lado del cerebro más excitado que el otro. La realidad social es un absurdo. Nos han hecho compartimentados, y también ha ocurrido con las ciencias, con las artes, es decir, todo está interrelacionado. No es verdad que existan las materias independientemente unas de otras, sino que son fusiones y eso es lo que se está empezando ahora a verificar. Es decir, la astronomía no se comprende si no a través de la física, o de la música, o de otras ciencias o paraciencias. Ahí hablaríamos de la química y de la alquimia, que curiosamente cubre más terrenos que la química. Hemos llevado esa especie de diferenciación compartimentada.

Aunque actualmente no expone su obra en ninguna galería, Pedro nunca deja de hacer “performances” que regala a sus amigos. Incomprendido por muchos y adorado por otros, a Pedro no le importa lo que se diga de él. “Muchísimos de los personajes que después enfermaron mentalmente no dejaron de ser geniales nunca. Nuestra salida de la humanidad es a través de la locura lúcida, pero no nos atrevemos a tomar ese camino”, concluye Pedro.

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